lunes, 31 de marzo de 2014

Plaza de Las Ventas - Madrid / España : 2Do Festejo Novilleril de Apertura de Temporada Taurina 2014 : Juan Ortega Ilusiona a Las Ventas de Madrid

VENTAS DE MADRID

JUAN ORTEGA, AIRES DE TORERÍA EN LAS VENTAS DE MADRID

El sevillano ilusiona con una novillada de Pereda noblota pero baja de raza.






Un domingo cualquiera, a cualquier hora, en la Monumental de Madridsorprende la torería. Impactante fue la de un joven de Sevilla en cuyo nombre y apellido se condensan parte de la Historia de la Tauromaquia: Juan Ortega. Se le adivinó su grácil trazo desde que se compuso a la verónica. De gusto lo aderezó todo: en la manera de llevarlo al caballo, de sentirse ante al quite y en ese modo de andarle al novillo durante la faena, brindada a Miguel Bienvenida. Espejo en su dinastía hay. Los zurdazos, sin ser perfectos, fluyeron con naturalidad, al igual que los remates. El medio pecho ofrecido y buscando cargar la suerte. Clásicos también los derechazos y personales los molinetes ante un pereda noblote aunque algo apagado.
El broche, con esa mezcla entre Morante y Pepe Luis, aupó más las emociones. Ilusionante toreo, aunque su acero necesite pasar por Albacete y el corazón no parezca el de El Espartero. Al desagradable y brutote quinto lo salpicó de pinceladas con aires del Guadalquivir y cierta fragilidad.


Un notable «Billetero»

La tarde se ha había destapado con un «Billetero» que apuntó sus calidades desde que desembolsó de toriles y metió la cara en el capote de Jesús Fernández, quien pese su oficio no acabó de hallar total acople. Aunque hubo muletazos sueltos de mano baja, sobró algún tirón y faltó un sitio más acorde. Dos veces se llevó un susto, y si todo quedó en una herida leve fue por la nobleza del notable ejemplar -el mejor de una novillada de Pereda baja de raz- que pecó de justo fuelle. En el cuarto, que manseó, el valeroso catalán se impuso con técnica en varios pasajes.
La foto se la llevó el picador Pedro Geniz cuando cayó sobre el lomo de «Banderillero», que así bautizaron al mansito tercero. Tomás Campos se alargó en su afanosa y pinchaúvas labor. Con el deslucido sexto lo intentó con ahínco.





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